Para nosotros en El Primer PIso, lograr una conversación transformacional es una condición necesaria para causar algo extraordinario.  Nos referimos a una realidad distinta y significativa para las partes que forman parte de ella.  Pero para que las conversaciones sean transformacionales, necesariamente tienen que partir de nuevos pensamientos,  de un ejercicio intencional que permita a alguna de las partes expandir su conciencia,  enriquecer sus perspectivas y, por tanto, multiplicar las posibilidades.  

En el mundo híper-conectado, las conversaciones son la representación social por excelencia. La sociedad pasa más tiempo conversando que en cualquier otra interacción humana, y de ese intercambio permanente surgen los cambios y los imaginarios que se harán predominantes en la realidad. Es por eso que una manera de intervenir en ese proceso de transformación constante es adentrarnos en las conversaciones y analizar su contenido, para poder expandir nuestro pensamiento y encontrar nuevas maneras de conectar y converger.

Las conversaciones actuales han adquirido una nueva lógica de interacción, en la cual imponer nuestros intereses y posiciones por los métodos tradicionales, ya no es posible: ni siquiera alcanza con emplear los más elevados recursos de persuasión. Las conversaciones tienden a encapsularse en burbujas en las que actores con intereses afines corroboran sus ideas, posiciones e informaciones, dejando poco espacio para una nueva voz que proponga algo discordante con lo establecido en sus imaginarios. Dentro esta lógica “social”, (pero que también funciona para el mundo offline), los grupos se vuelven auto-referenciales o con sus propieas verdades; e intentar insertarse en ellos a partir de una visión distinta, a menudo despierta un ambiente de confrontación y rechazo que resulta poco fértil para el intercambio. Influir no resulta posible ni apelando a hechos comprobables o a la corrección política o científica de los mismos: las emociones negativas tienden a tener mayor atención y ser “ruidoso” a menudo se impone a la mayoría silenciosa.

Por eso hablamos de permear: penetrar de una manera fluida y gradual la conversación social, con el fin de  ejercer influencia, desde un nuevo punto de vista que ya no es transaccional (es decir, alineado a la lógica del grupo), ni confrontacional (opuesto a esa lógica).

Nuestra visión es distintiva, y propone salir de la lógica dual – corroborador o detractor-, elevando la conversación a un nivel más alto en el que todos nos enriquecemos a partir de nuevas perspectivas que no habían sido consideradas antes por nadie dentro del grupo, y que surgen de un proceso colaborativo del que podemos escoger formar parte. Esto es lo que llamamos valor emergente, ese valor que “sale a flote” a partir de la discusión de posibilidades no contempladas hasta el momento y que es posible  “causar” a discreción.

Se trata de encontrar nuevos pensamientos que nos permitan re-direccionar la conversación y re-asignar significados, para poder trascender los dimes y diretes de las posiciones opuestas o la reafirmación y solidaridad automática de las pasiones exacerbadas o posiciones polarizadas.

Pensar y abrazar estos nuevos pensamientos, implica ampliar perspectivas y hacer propuestas de acción,  pero también evolucionar del interés particular al interés común que, al ser más elevado, aumenta la probabilidad de lograr el apoyo de más actores dentro de la conversación.

No es mi posición, no es tu posición, es una nueva común a todos y más elevada. Se trata de abogar por un destino que hemos dilucidado como deseable para todos.  Cuando logramos este estadio, las fuerzas que una vez pudieron ser opuestas, se abren a la alineación de esfuerzos y a la posibilidad de alcanzar resultados extraordinarios.